Thursday, November 03, 2005

Verloren in München III

Ya no tan “perdida”, en realidad.

Luego de una llamada telefónica, a cargo de mi anfitrión, llegó Alice, quien me dio un abrazo fortísimo, de cariño y alivio, luego se volvió a Imram, le agradeció 20 veces por cuidar de mí (danke, danke, danke, danke, danke…!), y nos fuimos.

En el camino, niña, tú estás loca, de verdad estás loca, ¿cómo se te ocurre…? ¿Por qué no llamar…? ¡Dios, tienes un ángel, un ángel poderosísimo! Y qué pena, qué pena, pero tuvo que ser un extranjero, porque un alemán no habría hecho esto por ti, no… Tienes un ángel, un ángel…

Y a disfrutarlo…
LeopoldStraBe, una de las avenidas principales de Munich, donde está la Universidad Pública. Es la puerta de entrada al casco antiguo de la ciudad.
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Luego de saludar a David, el hermano de Alice (¡finalmente llegaste!) y a la mamá (¡gracias al Cielo no te pasó nada), ubicamos al buen René, uno de nuestros compañeros de clase en Pamplona, ex erasmus, quien, por fortuna, había decidido hacer prácticas en Munich ese verano (vive en otra ciudad y, actualmente, trabaja en Berlín).

Al lago Starnberger, a pasar la mañana, tomar cerveza, intentar remar (di vueltas y vueltas en el mismo sitio) y, durante el camino, disfrutar del delicioso aroma de pinos, en plena selva negra del Bayern.

Vamos en bote...

Alice, luego de sus respectivos 10 metros remados. Toda una maestra... (nótese el polo de San Fermines)

No hagan mucho caso, es pura finta...
René, en foto de almanaque, para la posteridad (lindo el paisaje, ¿no?)
Alice, toda una bebedora profesional de vino, tuvo a bien llevar un poco en su bota pamplonica. Hicimos lo que pudimos:

Y bueno, así con el lago aquél y cerrando mi primer día en Munich. Por la noche, Alice y yo fuimos a ver una película, la proyectaban al aire libre, en una plaza universitaria. Pasaron "Chocolate", en inglés, con subtítulos en alemán. Jonny Deep es hermoso. Llevamos vino. El pop corn en tierras germanas se come con azúcar... (!!!)
Luego de ese día, a andar sola por ahí. Aún quedaba el recorrido a la de Dios. Menos mal que tengo amigos.

¡Se les agradece todo, chicos!